Les cerraron el paso y los ejecutaron: la emboscada a dos jóvenes policías que estremeció a Cúcuta


El intendente Franklyn Alfonso Guerrero y el subintendente Jairo Andrés Holguín fueron emboscados y asesinados mientras patrullaban en La Concordia. Minutos después estallaron explosivos en el Anillo Vial Oriental y un CAI fue hostigado en Villa del Rosario. La frontera volvió a sentir el peso de la guerra.

A los policías no les dieron opción. No hubo aviso, no hubo cruce de palabras, no hubo tiempo para nada. Hombres armados salieron al paso de la patrulla y abrieron fuego directo contra el intendente Franklyn Alfonso Guerrero y el subintendente Jairo Andrés Holguín. Los mataron ahí mismo, sin que alcanzaran a reaccionar.

Así transcurrió la noche del 6 de diciembre en Cúcuta: una emboscada fulminante que destruyó dos vidas y volvió a poner a la ciudad de rodillas ante el miedo.

Los uniformados cumplían labores de patrullaje en el barrio La Concordia cuando fueron sorprendidos por los sicarios. Sus cuerpos quedaron tendidos en la vía donde, minutos antes, simplemente hacían su trabajo. La brutalidad del ataque dejó claro que los agresores buscaban un objetivo preciso: matar policías.

Pero la violencia no terminó con el doble homicidio.

Poco después, dos cargas explosivas detonaron en el Anillo Vial Oriental, cerca de Jardín Plaza. El estruendo sacudió a los residentes y obligó a cerrar la zona mientras las autoridades buscaban otros posibles artefactos. La sensación en las calles era una sola: Cúcuta estaba bajo ataque.

Casi simultáneamente, en Villa del Rosario, el CAI de Morichal fue hostigado con ráfagas de fusil. Los vecinos se tiraron al piso, otros corrieron a refugiarse. Fue una noche dura, cargada de pánico y de una incertidumbre que se extendió hasta la madrugada.

En la Policía, el golpe es devastador. Guerrero y Holguín eran funcionarios respetados, con años de servicio, compañeros que estaban acostumbrados a enfrentar riesgos… pero no a morir en una emboscada sin posibilidad de defensa.

Sus familias quedaron destrozadas. Esa noche no hablaban de celebraciones ni tradiciones: estaban esperando que regresaran de turno. Nunca volvieron.

Las primeras hipótesis apuntan a un ataque premeditado y coordinado para presionar a la Fuerza Pública y demostrar poder. Un mensaje criminal que volvió a poner a Cúcuta en máxima alerta.

Hoy, la ciudad despierta con dos sillas vacías en los hogares, un duelo profundo en la institución policial y una pregunta que nadie puede responder:


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